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  • ISBN: 978-8416900510

Editorial Sargantana

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El Súper de Villamanín (Calle Arcipreste García de Prado, Villamanín, León)

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El Super de Villamanín (León).

Por las calles de Xàtiva y el castillo.

Xàtiva es una localización muy importante en la novela así que, antes de empezar a escribir sobre ella, decidí zambullirme en sus calles para descubrir su historia e impregnarme de su atmósfera y sensaciones.

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Bien es cierto que, en este caso, para reconstruir su configuración en el año 1707 hay que tirar de imaginación y suposiciones, puesto que hay muchos puntos de la ciudad que han sufrido una gran transformación o literalmente han sido borrados del mapa. Tal es el caso de la plaza de la Balsa, ubicada tras el Portal de los Baños de la antigua muralla, o la derruida torre de Monfort, escenario de los más encarnizados combates y por ello también de los más irreconocibles hoy día.

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Fuente y jardines que ocupan hoy la parte central de la Plaza de la Balsa, Xàtiva. Fuente: Internet.

Una vez rebasado este punto, uno se adentra casi sin darse cuenta en el laberinto de callejuelas del casco histórico. El recorrido del asedio me llevó por las calles Canónigo Cebrián y Corretgería hasta la plaza de Santa Tecla; y aunque sucede lo mismo que en la mencionada plaza, que probablemente ninguna de estas casas siga en pie desde principios del siglo XVIII, es inevitable que se pongan los pelos punta al transitar por ellas.

Pero también hay varios edificios que se conservan de aquella época y zonas que sufrieron menos infortunio, como la calle Moncada, la calle noble de la ciudad, el antiguo hospital ubicado frente a la basílica o los conventos situados en la parte alta de la ciudad.

Otro de mis rincones favoritos del casco histórico es la plaza de la Trinidad, donde es fácil trasladarse a la atmósfera de épocas pasadas.

Capítulo aparte merece el castillo, un sitio que es leyenda e historia viva de la ciudad. Es fácil apreciar el deterioro sufrido con el paso del tiempo, los sucesivos derribos y re-edificaciones que ha experimentado con el tránsito de varias civilizaciones incluido, pero también los vestigios de un glorioso pasado.

Sin duda merece la pena subir la empinada cuesta y acercarse hasta aquí, aunque solo sea para disfrutar de las maravillosas vistas que orece de la ciudad y sus alrededores.

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Un paseo por Benimaclet

Casi parece un milagro. En una gran ciudad como Valencia, a escasos 30 minutos a pie del centro, decenas de casitas bajas de arquitectura tradicional sobreviven con admirable buena salud a la presión urbanística. Se trata del barrio de Benimaclet, mi barrio.

Un paseo tranquilo, sosegado, por estas singulares calles, que gracias al esmero de sus moradores se han preservado en admirable estado, sin duda permite al viandante conectar directamente con la historia, con el pasado y las raíces de este barrio, que una vez fue pueblo, y afortunadamente nunca ha dejado de perder su esencia.

El recorrido puede empezarse por las calles perpendiculares a doctor Vicente Zaragoza o Emilio Baró, que son el límite natural de este antiguo trazado. Aparecen de repente y sin previo aviso. Una línea invisible separa de forma casi natural ambos mundos, y el efecto que se produce al traspasarlo es siempre de agradable sorpresa.

Tal es el caso de las calles Reverendo José Martí, Manuel Castellanos o Virgen de los Desamparados, cuyo contraste con la avenida Emilio Baró es más que notable. Todas ellas terminan desembocando irremediablemente en la Plaza, y probablemente es en esa encrucijada que forma la propia plaza con las calles Puçol, Asunción, Providéncia, Benicolet, Sant Mateu o Alegret, incluso en Masquefa o Rambla donde uno tiene la sensación de reencontrarse con el alma de este histórico pueblo.

Habría muchas que merecen una mención especial, pero probablemente la casa tradicional más emblemática de este barrio se encuentra en el cruce de las calles Mistral y Murta. Su preciosa fallada de trencadís se hizo muy famosa tras aparecer en una conocida película de Almodóvar.

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Visita a Almansa 21/03/2017

Hacía tiempo que le debía una visita a esta localidad por numerosas razones y, al fin, un soleado día de primavera, se me presentó la ocasión perfecta para saldar esta deuda.

Avanzaba desde el este hacia tierras manchegas, por la misma ruta legendaria que desde siempre ha unido el Levante con la meseta y, ante mí, se abrieron paso los llanos de Almansa. El paisaje que tantas veces había imaginado se me reveló entonces con total claridad. La vasta llanura, escenario del campo de batalla, los cerros que la circundan formando una especie de uve muy abierta, las lagunas, el sinuoso curso del río de Los Molinos, y la ciudad al fondo solitaria, protegida por su imponente castillo.

Castillo y villa de Almansa desde la plaza. Fuente: Medios propios.

Fachada del actual ayuntamiento de Almansa. Fuente: Medios propios.

Detalle del pórtico de la Iglesia. Fuente: medios propios.

Patio interior del actual ayuntamiento. Fuente: medios propios.

Castillo de Almansa. Fuente: Medios propios.

Alrededores del castillo de Almansa. Fuente: medios propios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De Almansa me llevo un buen cúmulo de sensaciones todas muy agradables; el paseo tranquilo por sus calles, por los alrededores del castillo, el patio del Ayuntamiento, el exquisito gazpacho manchego que tuve el placer de degustar. Pero, sin duda, el mejor recuerdo me lo llevo de la visita al museo de la batalla; allí pude comprobar el esmero e ilusión con el que está dedicado a recordar su historia, que como ellos bien dicen es la historia de todos. Y el enorme placer de conocer a personas como Herminio, que con gran pasión y admirable rigor histórico, nos condujo por un viaje fascinante a la memoria de todo lo que aquí pasó y no todos conocen realmente.

Maqueta recreación de la villa de Almasa en el siglo XVIII expuesta en el museo de la batalla. Fuente: medios propios.

Detalle de armas y soldados expuesta en el museo de la batalla de Almansa. Fuente: medios propios.

Valencia

Es el escenario el que se desarrolla la mayor parte de la novela. Entender cómo era la Valencia del tránsito del XVII al XVIII ha supuesto emprender un viaje fascinante al pasado de mi ciudad natal. Rodeada todavía por la muralla medieval, lo primero que impresionaba al verla eran los formidables puentes sobre el río Turia y los majestuosos portales de entrada. Intramuros, las calles eran estrechas y los edificios por lo general de poca altura. Valencia estaba plagada de conventos e iglesias.

Muralla y puentes de la ciudad. Fuente: Internet.

Muralla y puentes de la ciudad. Fuente: Internet.

Puente y Portal de la Trinidad. Fuente: Internet.

Puente y Portal de la Trinidad con la ciudad al fondo. Fuente: Internet.

Puente y Portal de San Jose. Fuente: Internet.

Puente y Portal de San Jose. Fuente: Internet.

Puente y Torres de Serrano. Fuente: Internet.

Puente y Torres de Serrano. Fuente: Internet.

En esta época Valencia conoció un periodo de apogeo económico, gracias principalmente a la riqueza de la huerta y un importante auge del comercio de la seda. Una nueva burguesía profesionalizada en estos negocios se asienta en la ciudad.

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Plano de la época representando la ciudad de Valencia y sus alrededores: La Huerta. Fuente: Internet.

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Plano de la ciudad de Valencia elaborado por Tomás Vicente Tosca a principios del siglo XVIII. Fuente: Internet.

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Maqueta de la ciudad de Valencia elaborada a partir del plano de Tomás Vicente Tosca. (Hall del museo de Valencia). Fuente: Medios propios.

En el plano cultural también se vive una apertura sin precedentes, de la mano de destacados personajes valencianos, hacia nuevas ideas procedentes de las corrientes ilustradas de Europa. A pesar de ello, una enorme carga religiosa lo inunda todo y sigue dominando todas las esferas de la vida pública y social. Los puntos neurálgicos de la ciudad eran la plaza de la Seo y la plaza del mercado.

Aspecto exterior de la Lonja de la seda en el año 1870. Fuente: Internet.

Aspecto exterior de la Lonja de la seda en el año 1870. Fuente: Internet.

Aspecto de la plaza del mercado en el siglo XVIII. Fuente: internet.

Plaza del mercado con la Lonja y la Iglesia de los SS.Juanes al fondo, siglo XVIII. Fuente: internet.

Contrabando

La costa gaditana siempre fue un lugar propicio para el contrabando y la entrada de mercancía ilegal debido a la gran afluencia de comercio marítimo con las colonias de ultramar. Como ocurre en la actualidad, concurrían la oportunidad, la posibilidad de un lucro muy suculento y gente dispuesta a arriesgarse en este tipo de empresas.

El contrabando en las playas sanluqueñas era muy conocido en los siglos XVI, XVII y XVIII, lo atestiguan las numerosas referencias existentes en las obras de grandes escritores de la época. Esta era una práctica muy común que se desarrollaba con total impunidad y en la que participaban desde gentes de las capas más bajas de la sociedad hasta contrabandistas de “guante blanco” pertenecientes a las clases más pudientes, así como autoridades corruptas.

Desde el nacimiento de la colonia de Gibraltar ya se hablaba de los “matuteros”, que es aquel que practica el matute, definido en la RAE como: “Introducción de géneros en una población sin pagar el impuesto de consumos”, es decir, una especie de contrabandista que tiene su campo de acción en las fronteras, aduanas y/o zonas libres del mundo y que comercia con pequeñas cantidades ya sea a primera hora de la mañana o de la madrugada.

La trama de contrabando descrita en la novela está basada en el libro “Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774) : Clérigos homicidas en el Siglo XVIII”. En ella se describen fugazmente estos hechos acaecidos en el año 1713, cuando el Consejo de Hacienda puso al descubierto una trama de contrabando internacional que implicaba a Gibraltar, Holanda y ciudades andaluzas como Málaga, Cádiz y la propia Sanlúcar de Barrameda.

El auge del comercio en Cádiz

Para la ciudad de Cádiz el siglo XVIII fue un auténtico siglo de oro, la ciudad se convirtió una de las más pobladas e importantes de España debido al continuo flujo comercial que recibía su puerto.

Traslado de la casa de contratación

Uno de los hitos importantes para la ciudad fue el traslado de la casa de contratación de Sevilla a Cádiz. Aunque ya llevaba varios años desafiando el monopolio de la ciudad hispalense, fue con la llegada al trono de Felipe V cuando se oficializó este importante privilegio para los gaditanos.

La ciudad vivía por y para el comercio y los gaditanos convivían con un nutrido tránsito de extranjeros, además de los que había ya instalados permanentemente en la ciudad (sobre todo franceses e italianos). Eso unido a la riqueza que se generaba para la propia urbe contribuyó a que se convirtiera en una ciudad alegre, culta y cosmopolita.

La arquitectura de la ciudad poseía una entidad propia eminentemente práctica. Las casas de los comerciantes eran a la vez almacén, oficina y torre de vigilancia para los barcos que zarpaban y arribaban al puerto.

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Vista de la ciudad de Cádiz hacia el siglo XVIII con el puerto y las numerosas torres vigía. Fuente: Internet.

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Actividad frenética de puerto de Cádiz. Fuente: Internet.

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Estructura típica de una casa de comercio gaditana. Fuente: Internet.

La intervención inglesa en la guerra

La intervención inglesa fue decisiva para el desarrollo de esta gran guerra europea, de hecho lideró el que se conoce como frente aliado (unión de diferentes países contra las aspiraciones de los borbones en Francia).

1700. – Muerte de Carlos II (rey de España) sin descendencia.

1701.- Tratado de La Haya. Inglaterra y Holanda se unen para hacer frente común contra Francia.

1702.- Coronación de la Reina Ana. Inicio de la guerra. Con la nueva reina entra en escena el general Marlborough y el ala liberal wigh entra en el gobierno. Austria y el Sacro Imperio germánico le declaran formalmente la guerra a la unión de España y Francia y reclaman el trono para el Archiduque Carlos. Se crea el clima propicio para que los ingleses participen el las primeras acciones bélicas, como la batalla de Cádiz en agosto de 1702 que fue un intento frustrado de toma de la ciudad por parte de la flota anglo-holandesa.

1703.- El reino de Portugal y el ducado de Saboya se unen a la Gran Alianza. La balanza se decanta del lado de los aliados con estas importantes alianzas, se abren e intensifican nuevos frentes terrestres contra Francia.

1704.- Batalla de Blenheim y toma de Gibraltar. Año de importantes victorias aliadas. Marlborough lidera el dominio aliado en Baviera y el almirante Rooke hace presa del estratégico peñón de Gibraltar para Inglaterra.

1705.- Desembarco inglés en la península. La flota anglo-holandesa se traslada al Mediterráneo. En Cataluña y Valencia se produce una sublevación de los partidarios del Archiduque de Austria. El almirante inglés Lord Peterborough toma Barcelona y posteriormente traslada el grueso del ejército a Valencia.

1707.- Derrota de Almansa. Supone una importante derrota para los aliados en su intento de ocupar la península, se produce una retirada a Cataluña y la guerra se estanca.

1710.- Batallas de Zaragoza y Brihuega. Es el último intento de los aliados por coronar al Archiduque en Madrid, el general inglés Stanhope le conduce victorioso hasta Madrid pero es incapaz de mantenerlo allí por mucho tiempo y en su retirada sufre de nuevo una dolorosa derrota en la localidad de Brihuega.

1711-1714. Fin de la guerra. Tratado de Utrecht. Varios hechos desencadenan la progresiva desvinculación de Inglaterra con el conflicto: El desgaste económico y social, la victoria de los tories en las elecciones y, sobre todo, la muerte del emperador José I de Austria. Estos hechos conducen a la necesidad de hallar una salida negociada al conflicto que culminará con la firma del tratado de Utrecht.

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Tropas inglesas participando en la guerra de sucesión. Fuente: Internet.

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Ingleses en la importante batalla de Blenheim. Fuente: Internet.

La revolución gloriosa / “Bill of rights”

El transcurso del siglo XVII en Inglaterra estuvo marcado por una sangrienta sucesión de guerras civiles, cuyo trasfondo es el enfrentamiento entre dos formas de concebir el estado: el absolutismo y el parlamentarismo.

Dichas guerras culminaron tras un breve y polémico reinado del rey Jacobo Estuardo, en el que cometió varios abusos y además se manifestó abiertamente partidario del catolicismo. La sucesión del monarca se resolvió en lo que se conoce como la “Revolución gloriosa” en la que los parlamentaristas propusieron acceder al trono a su yerno Guillermo de Orange, en lugar del sucesor natural Jacobo III, a cambio de suscribir el documento conocido como “Bill of Rights” o declaración de derechos.

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Pintura que representa la redacción de la declaración de derechos en 1689. Fuente: Internet.

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Los reyes William y Mary aceptando la declaración de derechos en el salón de banquietes del palacio de Whitehall en febrero de 1689. Fuente: Internet.

Dicha declaración supone principalmente la supervisión de las decisiones reales por parte de un parlamento constituido mediante elecciones, la cesión de poderes a este parlamento y la garantía de ciertas libertades y derechos para los súbditos como la de hacer peticiones al rey sin poder ser detenido por ello o ser sometidos a un juicio justo.

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Artículos contenidos en la declaración de derechos:

  • Que el pretendido poder de dispensar de las leyes o de su aplicación en virtud de la autoridad real, en la forma en que ha sido usurpado y ejercido en el pasado, es ilegal.
  • Que la comisión para erigir el último Tribunal de causas eclesiásticas y las demás comisiones y tribunales de la misma naturaleza son ilegales y perniciosos.
  • Que toda cobranza de impuesto en beneficio de la Corona, o para su uso, so pretexto de la prerrogativa real, sin consentimiento del Parlamento, por un período de tiempo más largo o en forma distinta de la que ha sido autorizada, es ilegal.
  • Que es un derecho de los súbditos presentar peticiones al Rey, siendo ilegal toda prisión o procesamiento de los peticionarios.
  • Que el reclutamiento o mantenimiento de un ejército, dentro de las fronteras del Reino en tiempo de paz, sin la autorización del Parlamento, son contrarios a la ley.
  • Que todos los súbditos protestantes pueden poseer armas para su defensa. de acuerdo con sus circunstancias particulares y en la forma que autorizan las leyes.
  • Que las elecciones de los miembros del Parlamento deben ser libres.
  • Que las libertades de expresión, discusión y actuación en el Parlamento no pueden ser juzgadas ni investigadas por otro Tribunal que el Parlamento.
  • Que no se deben exigir fianzas exageradas, ni imponerse multas excesivas ni aplicarse castigos crueles ni desacostumbrados.
  • Que las listas de los jurados deben confeccionarse, y éstos ser elegidos, en buena y debida forma, y aquellas deben notificarse, y que los jurados que decidan la suerte de las personas en procesos de alta traición deberán ser propietarios.
  • Que todas las condonaciones y promesas sobre multas y confiscaciones hechas a otras personas, antes de la sentencia, son ilegales y nulas.
  • Y que para remediar todas estas quejas, y para conseguir la modificación, aprobación y mantenimiento de las leyes, el Parlamento debe reunirse con frecuencia.