Contrabando

La costa gaditana siempre fue un lugar propicio para el contrabando y la entrada de mercancía ilegal debido a la gran afluencia de comercio marítimo con las colonias de ultramar. Como ocurre en la actualidad, concurrían la oportunidad, la posibilidad de un lucro muy suculento y gente dispuesta a arriesgarse en este tipo de empresas.

El contrabando en las playas sanluqueñas era muy conocido en los siglos XVI, XVII y XVIII, lo atestiguan las numerosas referencias existentes en las obras de grandes escritores de la época. Esta era una práctica muy común que se desarrollaba con total impunidad y en la que participaban desde gentes de las capas más bajas de la sociedad hasta contrabandistas de “guante blanco” pertenecientes a las clases más pudientes, así como autoridades corruptas.

Desde el nacimiento de la colonia de Gibraltar ya se hablaba de los “matuteros”, que es aquel que practica el matute, definido en la RAE como: “Introducción de géneros en una población sin pagar el impuesto de consumos”, es decir, una especie de contrabandista que tiene su campo de acción en las fronteras, aduanas y/o zonas libres del mundo y que comercia con pequeñas cantidades ya sea a primera hora de la mañana o de la madrugada.

La trama de contrabando descrita en la novela está basada en el libro “Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774) : Clérigos homicidas en el Siglo XVIII”. En ella se describen fugazmente estos hechos acaecidos en el año 1713, cuando el Consejo de Hacienda puso al descubierto una trama de contrabando internacional que implicaba a Gibraltar, Holanda y ciudades andaluzas como Málaga, Cádiz y la propia Sanlúcar de Barrameda.

Anuncios